RETO CUMPLIDO
Vamos a ser sinceros. El blog lo había programado yo con la casi inexistente ayuda del “Comando Torrecaballeros” la víspera de salir de Madrid. Pero la idea tuvo que madurar durante todas las horas de vuelo intercontinental y también durante la ingesta de los más extraños manjares. Tuvo que madurar en el interior de la gente y eso solo tuvo lugar ya en terrotorio bengalí, más concretamente en la ya mencionada y archiconocida calle de los voluntarios; Sudder Street.

El bazar-ciber café donde nació el blog, lugar de peregrinación a partir de hoy
Hecha la aclaración para resolver posibles malentendidos empezaré diciendo que el blog iba a tener un aspecto mucho más formal y personal que el que últimamente, bueno, vamos a decirlo, desde siempre, ha tenido (está teniendo). Íbamos a intentar ser más profundos, más humanos y mejores; la cosa es que nos salió este engendro de página donde cupo, durante la estancia, casi cualquier cosa; en el que pudo escribir, casi cualquiera; un lugar donde la censura no censuraba ni lo más censurable (que poco hubo, realmente). El resultado fue el que nuestra exigua audiencia leyó este pasado Julio. Por supuesto, no me hago responsable de las opiniones vertidas, es más, las apoyo al 200%.
Fue una tarde. Tras comer solíamos husmear como zarigüellas por los sitios donde servían internet a precio ridículo: una hora valía aproximadamente 30 rupias, dependía si el que supervisaba los ordenadores estaba atento o no o de si le caías bien o mal. Nosotros elegimos un lugar acogedor y que en forma de bazar permitía al público femenino (también masculino, yo me compré unos pantalones naranjas que destiñen una barbaridad) comprarse cuantos trapitos querían. Además tenía unos 15 ordenadores que tiraban según les diese ese día. A veces era desesperante: las anécdotas más execrables en estos ordenadores las dejo para más adelante…
Pues bien, que una de las primeras tardes pasamos por el lugar en cuestión, lugar donde el dueño habla un muy buen castellano y que además tiene un restaurante donde sirven tortilla de patatas y gazpacho llamado “Hot line”, y nos pusimos a subir las primeras fotos de nuestra estancia hindú. La gente se animó y le gustó la idea y al grito de “mándame la dirección a mi interminable mail” pedía que si podía mandar el blog a sus contactos. La cosa desbordó un poco al principio: mails para arriba, mails para abajo. Los primeros días las visitas de personas muy extrañas poblaron esta sagrada página que pretendía intimidad. Días después escribían personajes variopintos en ella, todo el mundo quería salir en las fotos que se publicaban; era el “HOLA” bengalí.
La moda pasó y el blog se fue olvidando. Hoy sigue en pie, como veis (y leéis); con bastante más pena que gloria y unas gotitas de resentimiento y nostalgia, se yergue hoy y os exhorta: aún me queda mucha cuerda.
2 comentarios
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Y que no acabe nunca, a lo mejor no es muy comentado, pero seguirlo lo seguimos muchos (inluso hay quien lo tiene agregado en “Mis favoritos”…..)
David, después de tus espectaculares y perfectamente detallados relatos, es complicado añadir, sumar, comentar…
) sabiendo que, efectivamente, como dice mi tocaya, MUCHOS SOMOS LOS LECTORES, pero pocos son los comentadores…
Cosuélate (y resta intensidad a tu resentimiento y nostalgia