Reto nº 18: Entablar conversación fluida con personajes pintorescos y no tanto

RETO CUMPLIDO

El tren: la de cosas que se pueden hacer en un tren...

El tren: la de cosas que se pueden hacer en un tren...

Nuestras idas y venidas matutinas a Baruipur eran auténticos rulos escatológicos que se convirtieron, con el paso del mes, en rutinarios. Baruipur, digamos, que no ofrece una gran variedad turísticamente hablando: mucha selva alrededor, eso sí, pero bastante intranquilidad para unas jornadas de descanso como en Marina D´Or, ciudad de vacaciones. Calcuta tampoco está en las agendas turísticas del viajero normal por lo que hay muchas posibilidades de que si te encuentras “al hombre blanco” por estos lares es que sea voluntario y que tras unos días “ayudando” se vaya a la playa en la costa de Bengala, que es otra cosa.

Conversación animadísima, por lo que se ve, a lomos de un taxi

Conversación animadísima, por lo que se ve, a lomos de un taxi

Por Baruipur, que no deja ser un barrio calcuteño, un extranjero es la cosa más extravagante que puede suceder. Si alguien viene a ver Madrid, por ejemplo, será raro que vaya a hacer turismo de calidad a Villaverde (con todo el respeto para Villaverde). Pues bien, eso hay que multiplicarlo por diez y plantarlo en una sociedad como la hindú, hermética y muy suya, pero como descubrimos, no tanto; no tanto.

El tren era un medio de transporte perfecto para conocer gente nueva: es lento y la gente va muy apretujada, además cantábamos la Traviata con nuestros vestidos de voluntario y eso, a estas personas, no les pasa desapercibido. Se nos acercaban nativos constantemente e intentaban hablar de lo que fuese con nosotros: de nuestro país, de nuestra música, de fútbol internacional, del tiempo… Estas cosas se acentuaban en la estación baruipuriense donde se nos rodeaba a la mínima y siempre en ese plan de “haber que truco de magia hacen ahora estos magos”. Desde luego defraudaríamos a unos cuantos pero bien es cierto que alegraos el día a algunos. Recuerdo al ex-jugador profesional de críquet, bastante anciano, adorador de Khali-Khali según sus propias palabras, con el que estuvimos hablando más de media hora y al que prometimos hacer llegar la foto que nos hicimos con él. Estábamos ese día en las escaleras que Carlitos bautizó con el delirante nombre de “Travesti Point”, porque como ya conté, los travestis en La India se arremolinan en torno a las estaciones; no sé por qué. Digo que estábamos allí, rodeadísimos de indios literalmente flipando en colores con nuestras experiencias (les hicimos creer, que malos somos, que Kiko era primo de un jugador de críquet que debía ser importantísimo) y también cercados por los travestis, que no paraban de dar por saco a nuestro interlocutor (que las decía de todo en un perfecto bengalí) y no caímos en que debíamos coger un tren. Los primeros días llegábamos a comer muchas veces pasadas las tres de la tarde, un horario perverso para la digestión y más sabiendo que habíamos desayunado a las siete.

El ex-jugador profesional de críquet con una banda de desalmados

El ex-jugador profesional de críquet con una banda de desalmados

"Travesti Point" (observen a su derecha) y gente haciendo cola para hablar con unos servidores. Lo que es la vida

"Travesti Point" (observen a su derecha) y gente haciendo cola para hablar con unos servidores. Lo que es la vida

También recuerdo que muchos estudiantes de colegios de la zona, que son perfectamente reconocibles porque siempre van uniformados a la inglesa, se nos acercaban con una mezcla de morro y curiosidad y o paraban de hacernos preguntas y fotos con sus móviles; esto último muchísimo más a las chicas que los tenían en un sin vivir porque los mozalbetes creían que cualquier gesto femenino es que te están poniendo las largas y no paraban de palicar con ellas, profundamente enamorados. Roche, un día infausto, al ver a uno que habíamos visto el día anterior, le dio un beso a la occidental y estoy seguro que ese muchacho aún no se ha lavado la mejilla.

Colegiales angloparlantes y muy fotogénicos

Colegiales angloparlantes y muy fotogénicos

En Calcuta también conocimos gente de lo más variopinto, desde los guardeses del hotel, a Rajú y su rick-shaw, al cocinero fabuloso del Kirupati, a Sam y el Blue Sky, al propietario de la tienda de internet… a Tarak (que merece un monográfico)… pero esas son otras historias, hoy ya se han contado, en mi modestísima opinión, demasiadas. Andad con Dios.

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