Reto nº 16: Hacer la colada con cierta frecuencia

RETO NO CUMPLIDO

Este reto, como casi todo en esta vida, tiene varias visiones; muchas de ellas escabrosas. Lo doy como no cumplido porque como reza el encabezamiento, lo de cierta frecuencia nos lo saltamos a la torera, hacienda la “ranita”, como Manuel Benítez, “El Cordobés”.

La habitación de "Los Pablos", Jorge y Yago rodeados de gayumbos al fresco a gogó

La habitación de "Los Pablos", Jorge y Yago rodeados de gayumbos al fresco a gogó

La verdad es que empezamos todos muy flamencos, creyendo que eso de enfundarse el jabón lagarto y arremangarse hasta el sobaco las camisetas no iba a ser para tanto. Yo fui de esa partida de infelices: de los que empezaron frota que te frota. Mi compañero de habitación, el ya mencionado, agropecuario, biólogo y segoviano Alfredo, también lo tenía muy clarito en los primeros días. Por supuesto me lo pedí como camarada de la colada y le propuse seriamente que esa misma tarde nos dispondríamos a lavar nuestros satuyeles de la mejor manera que pudiésemos. Alfredo, de costumbres eminentemente romanas, quizá influido por el acueducto, me contestó con su mirada ratil en gesto afirmativo. Todo ello en medio de numerosos musulmanes que en su barrio, que atravésabamos día sí y día también, limpiaban sus ropajes en las fuentes públicas de las que ya hablé.

De ese encuentro vespertino había fotos pero lastimosamente se perdieron para siempre. El otro hermano, el muy zángano, nos las hizo a traición y en ellas se podía admirar mi perfecta anatomía sumada a la porte imperial alfrediana. Se perdió pues, un documento que solo la historia podrá cuantificar en su gravedad. Fue una tarde dura, al fin y al cabo; al terminar nos sentimos más personas y lo achaco al cansancio: las posiciones y escorzos imposibles para aclarar y exprimir cada gota de agua hicieron mella. Colocamos una cuerda de tender de la que nos habíamos provisto en la lejana metrópoli de Madrid y la habitación quedó sumida en una humedad mayor de la que de serie ya traía. Una obra de arte.

María y Blanca dale que te pego. Esa sonrisa las delata: estábamos en los primeros y felícisimos primeros días

María y Blanca dale que te pego. Esa sonrisa las delata: estábamos en los primeros y felícisimos primeros días

Supongo que las escenas se repetirían en el resto de habitaciones y los “ayes” se oyeron hasta en El Nepal. También las risas. La cuestión es que poco después nos enteramos de que nuestro hotel tenía un servicio de lavandería y claro, poca gente se pudo resistir a estos encantos, a estos cantos de sirena en forma de lavadora. Alfredo intentó resistirse unos días más pero debió sucumbir al atractivo de que un hombrecillo llamara todas las mañanas a las 7:00 a.m. a tu puerta y sonriendo dijera: “clothes?”. A ver quién era el guapo que decía que no. Por nuestras delicadísimas manos ya solo pasó algún calzoncillo de urgencia que otro.

He oído por ahí varias historias sobre los hindúes y la tecnología, a la cual no la tienen, los más acérrimos, mucha simpatía. Ellos, más bien ellas, lavan la ropa en la calle y ese es uno de sus trabajos, hay gente que se gana la vida así. Por ello, piensan, con una lógica sorprendente, que si compran una lavadora el que lava la ropa perderá su trabajo, quizá su sustento y por ello las rechazan. Lo dejo ahí.

4 comentarios

  1. Compruebo que las penalidades pasadas no merman la capacidad de redacción, aún más, la agudizan.
    Leyendo estas líneas crece en mí la idea de rotomar algún dia la ruta de las indias.

    Saludotes.

  2. Se hace lo que se puede Juan… lo que la marchita memoria permite…

  3. Después de lavar acababas sudado como un gorrino. Lo cual te obligaba a lavar la ropa que llevabas puesta para esa faena. Y ahí surgía un bucle del que era dificil salir limpio. Decidí entonces que una forma de ahorrar agua… ya se contará el temita del agua… y limpiar ropa y cuerpo, era fusionar lavado y ducha. Os aconsejo la tecnica que a continuación describo para uso y disfrute futuro de los lectores. La idea es sencilla. Te duchas con ropa. Se frota mucho mejor, se enjabona mejor, y se aclara mejor. Una vez lavada la ropa, a la que puedes dar la vuelta si se desea una limpieza más profunda. No tienes más que darte un repasito al cuerpo serrano. ¡Y a correr!

    Ay david, como se nota que no estabas cuando venía el indio y decía ¡¡¡¿clothes…?!! Solo una vez sucumbí a sus encantos. Y fué en la última semana

  4. Por supuesto que casi nunca estaba… madrugaba para ir a la misa con las monjas cosa que tú hiciste, sno recuerdo mal, el primer y el último día. Este segoviano y sus métodos guarrindongos de salubridad mínima… VAS A ACABAR CON MI PACIENCIA COMO NO ESCRIBAS UN DICHOSO RELATO!!


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