Reto nº 14: Conseguir llegar a una hora razonable a nuestro puesto de voluntariosos voluntarios en Baruipur

RETO SEMI-CUMPLIDO

Ante ustedes la sublime estación de Shealda un día normalito

Ante ustedes la estación de Shealda en un día normalito

Nuestro noble periplo odiséico por Calcuta no había hecho más que comenzar a tenor de lo que nos esperaba en el día a día: la casa donde íbamos a desempeñar (al principio más lamentablemente que cualquier otra cosa) como pudiésemos nuestro voluntariado estaba en Baruipur, una villa joven y con grandes expectativas de futuro situada a una kilometrada indefinida de Calcuta. Nos anunciaron las Hermanas, siempre con ese optimismo que les caracteriza, que tardaríamos algo más de una hora en llegar. En un primer momento no sonó convincente; estas malas expectativas se confirmaron en un infernal primer día. La fatídica mañana había comenzado nubladilla, como casi todas; es esa sensación de ahogo que tiene Calcuta, que no diferencia entre nubes y polución y aúna ambas en una argamasa gris que llaman cielo. Tras el desayuno poco consistente en Casa Madre y tras los delirantes consejos y direcciones demoníacas de Sister Mercy, donde, teóricamente, con pelos y señales, estaba definida nuestra situación salimos a enfrentarnos con nuestro destino los chavales a los que denominaremos (me denominaré, por supuesto, yo también) “Equipo Baruipur”, que nada tiene que envidiar al “Equipo Actimel” ni al Dream Team del Barcelona de Guardiola.

Con una enorme desconfianza cogimos uno de esos autobuses antes ya mencionados, donde la anarquía campa a sus anchas, y la EMT, vista a 4.000 kilómetros parece una delicia de la nanotecnología, e íbamos rezando al santo del día para que hubiese una presunta parada cerca de nuestro enlace que no era otro que la infernal, hiperpoblada y despechadísima Estación Central de Shealda. Por supuesto, el primer día, el autobús nos dejó (pido perdón por antelación) a tomar por culo de la estación y no nos quedó más remedio que ir preguntando con una mezcla de espanto y cazurrismo humano dónde estaba la dichosa estación, que en ese momento creíamos pequeña y clandestina pero que pronto se nos reveló como un mastodonte de acero, contrachapado y cemento armado aderezado todo con carteles enormes en el sagrado bengalí. Por casualidades de la vida, o quizá porque Khali ese día estaba dormida y no se enteró de nuestra desgracia infiel, nos topamos con un buen hombre que se dirigía a Baruipur, como nosotros, y que nos acompañó todo el viaje en tren. Que esa es otra: teníamos que coger un tren y estábamos ante una pantalla en el siniestro idioma local y Carlos se desesperaba preguntando en inglés a gentes con una sonrisa en la boca pero sin respuesta aparente. Ese hombre, de cuyo nombre me gustaría acoradarme, pero no es el caso, fue nuestro Mesías particular en una estación llena de personas dormitando en el suelo, de mutilados pidiendo limosna y auxilio, de mercancías olorosas incontroladas, de personas hablando a grito “pelaó” y de un grupo de occidentales haciéndose caquita (algunos literal, el excremento fue perdiendo consistencia y ganando en abstracción durante estas primeras jornadas, ya se contará a su debido tiempo, el tiempo donde no cortemos la digestión a nadie).

El Equipo Baruipur en formación: no faltan los espontáneos que se suman a la foto sin más

El Equipo Baruipur en formación: no faltan los espontáneos que se suman a la foto sin más

La cosa es que, después de la confusión, pudimos coger el tren tras habLa gente desempeña su noble empleo a ras de víaer hecho una cola miserable de metros de longitud para coger un billete que jamás, en todo el mes, nos pidieron. Nos sacamos posteriormente un bono-transportes hindú pero esa es otra historia que no conviene sacar hoy. Aposentados en el tren, cayendo ya a aesas horas una chupa de no te menees, entrando agua por los resquicios de las ventanas y apretujados como arenques pensamos que no podía quedar mucho. De nuevo nos equivocamos: ese día, vete a saber si por la lluvia o por problemas técnicos (que no me extrañan nada), hubo casi una hora de trayecto en tren a través de los suburbios calcuteños, que están en mitad de la selva y albergan una cantidad de habitantes difícil de cuantificar. La gente se aposenta en las vías del tren y cuando este pasa, a velocidad reducidísima, eso sí, se apartan. Así es la vida de algunos. En cada “paradinha” se monta un mogollón de gente convirtiendo la salida en, cuanto menos, peculiar y hasta peligrosa pero ya os digo que ya habrá tiempo para stos otros retos mucho más angustiosos; en este interminable reto nos dedicamos al tiempo, que se nos escapaba de las manos como el agua, aquella mañana de Julio lluviosa. Cuando llegamos a Baruipur, a su estación, llevábamos más o menos, 2 horitas de trayecto. Y aún quedaba.

Un a de las espaciosas estancias donde, los días de suerte, podíaos sentarnos

Un a de las espaciosas estancias donde, los días de suerte, podíaos sentarnos

La Estación de Baruipur cuanta con dos salidas oficiales aunque lo cierto es que la gente entra y sale de la estación por donde más le apetezca ese día; pues bien de las dos salidas oficiales cogimos la que no era, eso para empezar y para continuar podemos decir que se nos empezó a caer el cielo literalmente encima en forma de agua. Corrimos despavoridos, como huyendo de auténtico napalm y nos cobijamos como pudimos debajo de techumbres de plásticos (es la mejor definición que mis carencias idiómaticas pueden resolver). Sister Mercy, como ya he dicho, nos había dado unas indescifrables instrucciones para llegar a buen puerto: a unos nos dijo que teníamos que coger un moto-rickshaw a Khirtam Kola, al hospital de tuberculosos, a los otros les dieron un número interminable al que había que llamar para que te recogieran; es obvio que recoger en La India es un término muy en el aire aún. Lo que si salía tras llamar era un contestador en perfecto benglí que nos mandaba literalmente a tomar vientos frescos y que ofrecía nulasesperanzas de llegar al destino. Además, eso a posteriori, costaba 12 euros el minutejo. Cuando nos subimos al moto-rickshaw estaba literalmente en una tribulación absoluta…

El top-manta hindú

El top-manta hindú

Cuando llegamos al hospital, 3 horas y pico después de salir de Calcuta, lo que se tarda en ir de Madrid a Valencia, ya no había nada que hacer ese día: nos presentamos, dijimos que ya intentaríamos venir con mayor puntualidad (lo cierto es que con el paso del tiempo fuimos mejorando la media) y que muy bueno el té. Tras eso, uno de los trabajadores no bajó en ambulancia, a tod mi grupo, a la estación y nos despidió diciendo que al día siguiente estaría allí como un clavo a las 9. Por supuesto, al día siguinete a las 9, los que no estábamos allí éramos nosotros… pero ellos tampoco. Y la fiesta diaria continuó.

2 comentarios

  1. Aquel hombre que cayo del cielo con la lluvia se llamaba Lorens. Lorenzo para nosotros, y si no es por el todavía segiriamos metidos en algún tren destino a algún lugar, sin esperanzas de retorno y con el agobio de llegar tarde a Baruipur. Vaya número.

  2. Puntazo para ti Alfredo: LORENZO, esta entrada, allí donde estés, se te dedica a ti.


RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.