Reto nº 13: Inscribirnos sin problemas como voluntarios en Shishu Bhavan

RETO CUMPLIDO

No había comentado que el día de Howrah, mi bautizo de sangre, era lunes, es decir: día de inscripción del voluntario. Ya estaba bien de trabajar sin papeles y vagando de casa en casa. Por ello, ese mismo día por la tarde, debíamos ir a Shishu Bhavan (la casa de la que ya hablé que se encarga de niños pequeños con problemas de todo pelaje) y allí introducir nuestro honroso y digno nombre entre los de los voluntarios de, esperábamos, cientos de países. Y digo bien: yo para mis adentros anhelaba que aquello anduviese lleno de suecas o danesas, de vikingas en general, pero pronto se me presentó una realidad muy conocida: todo estaba lleno de españolas, que, hablando en plata, también pueden estar muy buenas y ser muy guapas, pero están muy vistas… Los escandinavos mucho 0´7% y sonrisas profident pero por Calcuta ninguno vi.

Tras este inciso que me va a costar parte (sino entero) del paupérrimo público femenino que sigue el blog me permito, como un genio del cine a la altura de Kurosawa, hacer un flashback.

Habíamos comido en Sudder Street, posiblemente en el Blue Sky (del que ya hablaré), y como casi todo nos parecía chocante todavía no parábamos de contar lo que nos había pasado ese disparato día. Ratas muertas y vivas, gente bañándose en las calles, la historia de Nabo jibon por nuestra parte, los primeros síntomas cagalereros y los puntos con internet fueron algunos de los temas de conversación en esa sobremesa. De pronto nos fijamos que nos quedaba poco más de media hora para llegar a la inscripción, que creíamos era muy estricta y nada desenfadada, y a la que queríamos llegar puntualísimos: descubrimos que no iba a ser tan fácil. Para colmo, recuerdo, que alguien no había traído el pasaporte (seguramente varios, no sé, así íbamos por la vida) y había que pasar por el hotel antes…

Por lo tanto, el grupo del que yo formaba parte se partió en dos, cual Titanic y mi fracción puso pies en polvorosa hacia Shshu Bhavan; la tienda del encuentro. A medio camino, con una sudada y una pájara a punto de producirse, determinamos pillar un moto-rick shaw y ahorrar el fatigoso camino por el dickeniano barrio musulmán a nuestros pies. También era mi primera ocasión de usar ese medio de transporte y la experiencia me (nos) endureció. A pesar de ello, el conductor, eso sí con unos modales británicos, nos dejó a 200 metros de nuestro destino y nos cobró lo que quiso: hígado y riñón, fue el acuerdo final. Ya cogeríamos nuestras mañas.

La austera entrada en Shishu Bhavan

La austera entrada en Shishu Bhavan

Llegamos, pues, a la hora y nos dividimos en tres grupos: españoles (grandísima mayoría, nuestro grupo sólo era ya mayoría), ingleses-franceses y japoneses-coreanos. Nos explicaron todo el tinglado de las casas por grupos, para que fuésemos eligiendo, y nos hicimos una ficha con nuestros datos personales; número de pasaporte y todo, aquello era más oficial que la Declaración de la Renta. A nosotros nos explicó el funcionamiento de las casas, creo recordar, Javier (¿ese era su nombre?); un hombre barbudo y que por la cara sabes que ha nacido para ayudar a los demás. Dejó todo en España y está en Calcuta ayudando en lo que puede a las Hermanas y ayudando, sobre todo, a los que menos tienen. Ha creado una ONG, cuyo nombre no recuerdo, que trabaja en Calcuta. Refrescarme un poco mi memoria, que cada vez da para menos.

Las chicas esperando pacientemente su turno en Shishu Bhavan. No había sueca capaz de desbancarlas...

Las chicas esperando pacientemente su turno en Shishu Bhavan. No había sueca capaz de desbancarlas...

Esperamos un buen rato hasta que nos tocó inscribirnos con la bendición de Sister Mercy, la que lleva todo lo concerniente a los pardillos voluntarios. Esta monja tiene una historia fascinante encima suyo, que ya se contará, de momento os pongo el dulce a la vista…

Por cierto, yo me inscribí en el hospital (es un eufemismo) de tuberculosos de Kitan Kola, en Baruipur; donde descubrimos, los que fuimos, el verdadero sabor de La India (también su olor y su tacto). Así, todos, con nuestra medallita de la Madre Teresa, marchamos contentos por aquel día hacia el hotel.

Dejar un comentario

Aún no hay comentarios.

RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.