Reto nº 11: Beber agua sin sentir una vocecilla que dijera: “La puedes estar liando parda…”

RETO SEMI-CUMPLIDO

Las recomendaciones médicas recibidas en Madrid nos habían hecho temer muy mucho todo lo que pisábamos, veíamos o nos llevábamos miserablemente a la boca en Calcuta. La verdad es que los médicos, por lo menos en nuestro espeluznante caso, se quisieron asegurar de que no volviésemos para meternos en cuarentena y nos recomendaron, por poner un ejemplo, llevar calcetines con zapatillas (cosa totalmente disparatada) o llevar manga larga a todos lados por si acaso se acercaba el temido mosquito con el virus de la Malaria y nos jodía el viaje, mosquito que, por otra parte, nunca llegó; emulando así a la archiconocida obra teatral de Samuel Beckett, “Esperando a Godot”.

Lo del agua merece un capítulo aparte. Se nos recomendó beber únicamente agua embotellada pero pronto descubrimos que hasta el agua en envase de plástico podía haber sido perfectamente manipulada por las industrias acuíferas del Rajastán, embotellando agua de cualquier lugar en botellas de litro muy manejables para el despistado viajero occidental. No era fácil distinguirlas; algunas cantaba a la legua, por el color, que del manantial del Nepal que prometían ser no habían salido, pero otras, hasta que no las catabas, no las distinguías; incluso catándolas te podía parecer el H2O mejor del mundo y ser en realidad agua de grifo. La sed, en muchos casos, hizo estragos.

Un grupo de ataviados voluntarios ante su destino: beber o no las botellas de agua que tienen enfrente. La verdad es que dudo mucho que en ese momento estuvieran pensando en el agua pero... así es la literatura

Un grupo de ataviados voluntarios ante su destino: beber o no las botellas de agua que tienen enfrente. La verdad es que dudo mucho que en ese momento estuvieran pensando en el agua pero... así es la literatura

En nuestro hotel, que ya va siendo hora de que lo presente (se llamaba Baptist Missionary), había una fuentecilla con un filtro que prometía que el agua salida de sus entrañas era más que potable. El recelo era gigantesco en casi todos los huéspedes, en mi caso, la primera noche, y no es por dármelas de machito, ya le había dado un buen trago para que mis compañeros de habitación, esos cautos segovianos, se rasgaran las vestiduras y me vaticinaran enfermedades incurables. Ellos, mis poco intrépidos amigos, estaban aprovisionados de una botella de lejía que echaban compulsivamente a todo agua que bebían. Al poco tiempo tuvieron que dejar tan poco práctico medio de abrebaje y reconocer que el agua del filtro, además de fresquísima, era perfectamente bebible. La lejía la dejamos de recuerdo en la habitación del hotel.

Excavación, quien sabe si pretolífera, en plena calzada calcuteña. De ahí saldría agua rica en un 98´9% de los casos

Excavación, quien sabe si pretolífera, en plena calzada calcuteña. De ahí saldría agua rica en un 98´9% de los casos

De lo que no hubo huevos a beber fue de las multitudinarias fuentes callejeras que hay en casi cada rincón de Calcuta. Los nativos las utilizan para el aseo diario como si tal cosa y supongo yo que algún trago se meten entre enjabonamiento y enjabonamiento. Tampoco se bebió, que yo sepa, del agua de nuestro lavabo. En mi gloriosa habitación la temeridad mayor consistió, ya en los últimos días, en enjuagarse con ese agua tras el cepillado concienzudo de dientes. Éramos héroes.

Pero de lo que estoy seguro, y a pesar de que fuimos perdiendo el miedo según transcurrían los días, es de que la vocecilla de Pepito Grillo que aconsejaba beber con moderación y cautela no se nos fue de las cabezas en toda la estancia allí, por ello, siempre pensábamos, cada vez que bebíamos de morro de cualquier botella, sino estaríamos cometiendo nuestra última acción antes de acabar río abajo en el río Hoogly.

2 comentarios

  1. No costaba nada lavarse los dientes con la rica agua del chorrito purificado…no veo en ello ningún signo de flojera viril. Por otro lado hasta que no veamos tus análisis no sabremos quien tiene razón en esta diatriba.

  2. Con la del chorrito purificado estaba claro que no había ninguna clase de escrúpulo: todo eran parabienes. Pero, me reconocerás, Juan Sin Tierra, que del lavabo, alguna vez que otra, si que nos hemos enjuagado como guarrazos… De las pocas marcas de castigo que me traje de La India (digo físicas) fueron una llaga en el labio seguramente por echarme un culín de ese agua pura que se nosacababa cada dos por tres.

    Los análisis me parece a mí que van a tener que esperarme a mí. No me pienso dignar a hacerme prueba alguna, ya sabéis entonces mi secreto: si queréis no me llaméis para quedar ni siquiera para jugar a los astronautas con escafandra y todo el equipo.


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