Reto nº 4: Ver el famoso Taj Mahal, echarnos la foto de rigor, constatar que no es para tanto y volver por donde hemos venido con las chanclas en el pie

RETO CUMPLIDO

Ya metidos en faena, en pleno mausoleo, descalzos los tíos y con una ridícula bolsa para los pies las mujeres. Turistas de primera

Ya metidos en faena, en pleno mausoleo, descalzos los tíos y con una ridícula bolsa para los pies las mujeres. Turistas de primera

Lo que en teoría parecía un reto sin la menor dificultad y trascendencia se convirtió precisamente en eso. La industria hollywoodiense y bollywoodiense nos había metido en nuestras sesudas cabezas que en el Taj Mahal te podían rapiñar con impunidad las chanclas o zapatillas último modelo por el forro. Nada más lejos. Es cierto que se puede ser un descuidado y dejar tu precioso calzado a la vista del populacho que viene a ver la tumba de Mahal, la reina, pero no es menos cierto que existen unas taquillas, que gozaron al primer momento de nuestro beneplácito y seguridad, donde podías alojar lo que llevaras en los pinreles por un precio, indescifrable, eso sí, pero muy económico. Todo nuestro miedo, pues, se fue al traste al observar ésto.

Y es que cómo demonios van a entrar pilluelos a la parcela que tuvieron como capricho los sultanes mogoles en el S. XVII. El control que pasamos a la entrada es digno de mención: nos arrebataron absolutamente todos los libros que llevásemos encima además de lo que les dio la real gana, por otro lado. Obligaron, pues, a dejarlo en consigna, otra de esas consignas enigmáticas que empezábamos a conocer y en la que tus cosas es fácil que terminen en una subasta de e-bay.

El fastuoso control que había para entrar en la propiedad. Hasta guantes gastaba la peña. Por supuestop, las mujeres por un lado (con su mamparita) y los hombres por otro

El fastuoso control que había para entrar en la propiedad. Hasta guantes gastaba la peña. Por supuestop, las mujeres por un lado (con su mamparita) y los hombres por otro

El cacheo: entre respetuoso y malintencionado hay muchos adjetivos que dedicarle. Dejémoslo al gusto de cada uno. Este humilde blogero, que no tiene más que hueso, y por lo tanto, poco donde tocar, puede afirmar que le pasaron un control de libro. Estoy seguro que otros no dirán lo mismo.

Intentando que no se notara demasiado nuestro altísimo nivel de guirismo

Intentando que no se notara demasiado nuestro altísimo nivel de guirismo

La entrada a la finca gigantesca (no recuerdo el precio) incluía dos botellitas de agua extremadamente caliente: a pesar de ser las 7 de la mañana hacía ya un calor horrible y las botellas, indiferentes a su destino, se torraban sin piedad al sol. De ahí nos las ofrecían. Las necesitaréis, parecian decirnos los amables efebos que nos las dieron. Estaban imbebibles.

Segovianos en el Taj Mahal: se puede observar que no guardan ninguna forma decente y que ni siquiera logran sacar el monumento completo, embebidos en su supuesta guapura de cara que yo no veo por ningún sitio

Segovianos en el Taj Mahal: se puede observar que no guardan ninguna forma decente y que ni siquiera logran sacar el monumento completo, embebidos en su supuesta guapura de cara que yo no veo por ningún sitio

En un alarde de originalidad nos postramos como insensatos y nos fotografiamos de esta guisa. Hubo que repetirla como 10 veces pero el resultado no fue del todo malo

En un alarde de originalidad nos postramos como insensatos y nos fotografiamos de esta guisa. Hubo que repetirla como 10 veces pero el resultado no fue del todo malo

La foto era un preciado bien. Anda que no se vacila con una foto en el Taj Mahal, ¿eh?. Nos las hicimos de todos los colores y posiciones indecorosas imaginables, quebrantando todas las leyes de la gravedad, del kamasutra y de las reglas que marca el código de los caballeros andantes hindúes (si es que hay, que estoy seguro que sí, Tagore se emocionaba leyendo El Quijote). Tras eso fuimos a recoger nuestras pertenencias a la consigna y tras, milagrosamente, no haber perdido nada, cogimos un taxi que nos dio un paseíto por Agra: su horrorosa fortaleza roja (enfrente de ella Alfredo y yo degustamos unas “delicias” de garbanzo en un tenderete lleno de hormigas) y sus talleres (IMPRESIONANTES) de manualidades.

Entre acojonados y asombrados por las piezas que trabajaban los artesanos, que, por cierto, eran amiguetes de los taxistas y estos les hicieron el favorazo de llevarles a nosotros, los europeos más pobres en kilómetros a la redonda. Negociazo

Entre acojonados y asombrados por las piezas que trabajaban los artesanos, que, por cierto, eran amiguetes de los taxistas y estos les hicieron el favorazo de llevarles a nosotros, los europeos más pobres en kilómetros a la redonda. Negociazo

Todo un lujo. Chapeaú ese día por los taxistas, que, por otra parte, eran de un majo que ya no se ve.

1 Comentario(s)

  1. El verdadero reto sería “caminar descalzos(a) por toda su estadia en la India, y sin sandalias…¿saben que es el mejor ejercicio para vuestros pies, fortaleciéndolos en musculatura, circulación, energético, etc.; de los cuales cuando visiten México, en especial la Ciudad de México, me gustaría intentarlo con el equipo que visitó la tierra de Gandhi…”


RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.