RETO CUMPLIDO

La prueba de las Vísperas ferrocarrilenses. Nos empezaba a dar gustito el roce sudoroso
Lo cierto es que yo personalmente lo pondría en retos semi-cumplidos porque no me enteré absolutamente de nada. Tácticamente estaba situado en una posición fastidiosa para lo que es la audición pero me consta que se hizo la sagrada oración de Vísperas porque algún acorde, recuerdo, que tarareé.

Algunos de nuestros vecinos de viaje; en un principio, obviamente, recelosos. ¡Míralos que comodones!

Vista general de nuestro espacioso compartimento
La idea debió surgir en agradecimiento a que habíamos llegado sanos y salvos a Delhi y después no había habido bajas de camino a la estación. El motivo no era baladí, pues. Recuerdo, además, que fue hacia el final del viaje, supongo que ya un poquito hartos del tren y sus traqueteos, sus paraditas en estaciones tremebundas y algo deshidratados por la falta de agua. La decisión, así expuesta, parecía inapelable y ni las personas que nos rodeaban, con toda la pinta de ser de templo diario y ofrenda perpetua, nos iban a impedir rendir culto a nuestro único Dios. Evangelización, pensaréis los que no estuvistéis allí. Tararí, os replico yo.

Alfredo monopolizando, en un gesto feo y egoísta como pocos, el aire de los megaventiladores
Como buenos españoles habíamos entablado conversación con nuestros vecinos de litera y asiento. Con algunos había la suerte de que hablaban inglés. Lo que estaba claro es que quien viaja de Delhi a Agra en tren en La India es porque tiene cuartos, porque trabaja en alguna de las ciudades o porque se cuela. En cualquiera de esos casos es una persona lista y las personas listas en La India intentan aprender inglés por todos los medios porque saben que es su puerta a otros países y su ventana para hablar con los occidentales con los que se encuentran. Ellos, encantados, se sienten importantes. Nosotros, que yo recuerde, simplemente sudorosos, para que vamos a engañarnos.
Había unos ventiladores gigantescos en cada compartimento que si te daban de lleno te entraban ganas de congraciarte con todas las personas y religiones del mundo. Sino te dan en plena jeta para lo único que valen es para que no salga la gente asada y para ventilar toda la amalgama de olores, que los hay a cientos. Se pueden enumerar una especie de kikos que se servían en un cucurucho con la mano del vendedor, el valab klavab que toma Homer Simpson en el capítulo que deja su coche aparcado entre las Torres Gemelas o bebidas isotónicas que te debían reponer al instante y que no hubo huevos de probar. Aún estábamos muy vírgenes en excentricidades.

Típica estación a caballo entre el lejano oeste y parla
La cosa es que a nuestros vecinos de alcoba les pareció gracioso el canto de Vísperas y sonreían como diciendo: “como se lo pasan” o “están locos, estos hispanos”. Para mí que les gustó. No hubo ira homicida ni fervor religioso absurdo. Vale que no entendieron ni pa-pa y que con una guitarra todo entra mejor pero yo tampoco entiendo muchas letras de Bob Dylan y me gusta: sé que está hablando de mí, con eso me vale. Esa es mi esperanza.

La alegría de la huerta: este es el encanto que descentró a los adoradores paganos
¿El premio? Como no teníamos ni puñetera idea de cuando nos teníamos que bajar ya que no había anuncios en ningún idioma, un indio con traje, que debía ser muy avispadillo, previó que nos bajaríamos en Agra, en su estación central. Ni corto ni perezoso nos lo comunicó y empezó nuestro peregrinar por esa otra estación; de nuevo dando gritos por ahí, gritos que se confundían con el atardecer naranja de esa ciudad y con los gritos de comerciantes que vendían su valab klavab.
3 comentarios
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Tremendo fue este viaje. 4 horas en los que nuestro cuerpo pedía a gritos, los liquidos que perdía sin ningún reparo. que jodío. Recuerdo que compre un paquete de Pethas… se llamaban asi, y era una especie de fruta escarchada inidentificable. El que la probaba no se quedaba igual, o le encantaba, o la aborrecía… bueno, el caso es que a nadie le gustó. Solo semanas después, ya en calcuta, Miriam se lanzo una noche a comerlas, y habiendo estas ganado en gracia por fermentación alcoholica, le supieron mucho más ricas. En fin, se quedaron en calcuta
Malditas sean las Pethas, no pude volver a besar a Myriam, el olor a fermentación quedo impregnado en su boca y en sus besos.
Las famosas phetas parecían fruta escarchada pero con un suave sabor a mierda. Qué horror!! Tuve el inmenso honor de probar una sola y la sola mención por parte de Alfredo de que si queríamos matar el gusanillo había phetas en el armario me causó las pesadillas que el lariam no había provocado hasta ese instante.